En el artículo pasado vimos un poco de como se adapta nuestro cerebro cuando hacemos ejercicio. El beneficio más importante es como impacta de manera positiva al desarrollo cognitivo. Lo que muestra que el desarrollo académico no está peleado con la parte deportiva.

Ahora, continuemos con este gran tema.

Beneficios de la actividad física sobre síndromes conductuales.

Se realizó un programa de actividad física extra-escolar durante 9 meses a alumnos con  edades entre 7 y 9 años.(Hilman et al., 2014). El análisis de los encefalogramas reveló una mayor actividad cerebral en los niños que participaron en el programa al resolver tareas en las que intervenían los recursos de atención, a diferencia de los del grupo de control.

A la izquierda, se muestra la activación cerebral de los niños que participaron en el programa de ejercicio físico, en comparación a los del grupo de control (a la derecha) (Hilman et al., 2014).

Esta información es especialmente importante, sobre todo para alumnos con TDAH. Se debe combinar el ejercicio físico con una mayor actividad mental como se da, por ejemplo, en el caso de las artes marciales.

En un estudio en el que se probó un programa de taekwondo durante 3 meses en niños con edades comprendidas entre los 5 y los 11 años, se obtuvieron mejoras tanto conductuales como académicas en los participantes.(Hilman et al., 2014).

La misma relación directa entre el ejercicio físico y el volumen del hipocampo que se había identificado en animales y en personas adultas, se quiso demostrar en la infancia.

Yendo más a fondo.

En un experimento en el que participaron niños de 9 y 10 años de edad, se comprobó que aquellos que mostraban una mejor capacidad cardiovascular tenían un volumen mayor del hipocampo. Como consecuencia de ello, se desenvolvían mejor en tareas que requerían de la memoria explícita .(Chaddock et al., 2013). el tipo de memoria que se utiliza en las tareas académicas.

Gráfico en el que se muestra, a la derecha, el mayor volumen del hipocampo de los niños con mayor capacidad aeróbica (Chaddock et al., 2013).

En una investigación que utilizó la técnica de la resonancia magnética, se estudiaron los efectos producidos sobre el cerebro en niños de 8 y 9 años de un programa de actividad física que duró 9 meses y en el que los participantes se ejercitaban 60 minutos en cada una de las cinco sesiones semanales (Chaddock et al., 2013).

Las neuroimágenes revelaron que aquellos niños que participaron en el programa mostraron patrones específicos de activación de la corteza prefrontal y de la corteza cingulada anterior que iban acompañados de una mejora en tareas específicas que requerían un gran autocontrol, junto a otras funciones ejecutivas asociadas. Y esto es especialmente importante, dada la influencia enorme del autocontrol en los procesos emocionales y cognitivos que afectan directamente al rendimiento académico del alumno.

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