Este es un artículo escrito por Mark Maguire; presidente de Castle Hill Knights Baseball Club. Adaptado y traducido por NOX Academy:

Cómo empezó.

Durante la temporada del 2014, le pregunté a mi hijo de 11 años – ¿Qué piensan todos los niños en el dugout cuando sus padres les dan instrucciones o gritan mientras juegan?

No les gusta-Dijo sin rodeos.

Le pregunté -¿Qué hay de cuando te llamo en el último segundo, justo antes de que te toque batear, ya sabes, las cosas de las que hemos hablado durante la semana y que pueden ayudarte con lo que tienes que hacer?

Una vez más dijo – Papá, no ayuda.

Luego continuó diciendo – Cuando estoy en la caja de bateo, sigo las instrucciones de mi entrenador de tercera base y me pongo dispongo a bloquear cualquier otro ruido. No me ayuda, o cualquier otro niño cuando nuestros padres están gritando cosas.

Estaba confundido por su forma de ver la situación.

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Cómo reaccione.

Me fui y hablé con un par de jugadores de nuestro club que habían jugado para Australia y en las ligas menores de la MLB. Dijeron que sus padres siempre los miraban tranquilamente y nunca decían nada. Déjenme decirlo de nuevo: nunca decían nada. Ellos echaban porras cuando su hijo y sus compañeros de equipo hacían una buena jugada o tenían un buen juego, pero nunca ponían sus propios egos pensando que gritarles en el último instante haría la diferencia en el éxito o el fracaso de su hijo durante el juego.

Una vez vi al papá de Zac Shepherdjugador de los Tigres de Detriot (en la ligas menores), en las gradas en un juego de Sydney Blue Sox.

Lo observaba de cerca, muy de cerca, buscando cualquier señal de frustración en las gradas; nada. Incluso cuando su hijo cometió un error en el campo, nada. También lo vi cuando estaba viendo a su oto hijo de trece años jugar; actuó de la misma manera. Sólo parecía complacido de estar allí y permitió a los entrenadores hacer su trabajo sin que él interfiera.

He leído una y otra vez sobre jugadores que llegan lejos y la misma historia se repite. Sus padres observaban y disfrutaban el juego en silencio. Ellos dejan que sus hijos se diviertan son poner la pesada carga de satisfacer a los padres.

Qué concluí.

El béisbol es un juego diseñado para que falles. Hay una tremenda cantidad de presión sobre nuestros niños cuando están solos en el montículo. Y yo aquí pensaba que podría hacer la diferencia en mi propio hijo, escondiéndome detrás del dugout para decir algunas palabras “inspiradoras”.

A pesar de que pensé estar ayudando, en realidad todo lo que estaba haciendo era alimentar mi orgullo. Porque en cada éxito de mi hijo yo lo asumía como mío.

Sé que nos gusta culpar al árbitro, culpar al entrenador, culpar a cualquier cosa para explicar por qué nuestro hijo no puede hacer lo que esperábamos. ¿Por qué no dejar de culpar a todo el mundo y dejar que nuestros hijos sólo tengan algo de diversión con sus compañeros de equipo? Dejemos que el entrenador sea el encargado de hablar.

En Navidad terminé un libro llamado Manifiesto Matheny. Si te resulta difícil entender el concepto de lo mucho que los padres se interponen en el camino, lee este libro. Su carta a los padres de un equipo se volvió viral y eso es lo que inspiró el libro. Búscalo es  del actual entrenador de los Cardenales de San Luis.

Cómo cambie.

Ahora, al final de un juego o práctica, cuando voy de regreso con mi a casa, le digo que disfruté viéndolo jugar y le digo algunas cosas buenas que él y el equipo hicieron. Intento reírme con él sobre algunos errores que hizo. Y si él está listo y tengo su atención, puede que le planteé un tema que vi durante el juego… puede.

Porque, no es sobre mí; no se trata sobre los padres.

No me malinterpreten, todavía siento ganas de gritar algo “beneficioso”. Sigo pensando que puedo hacer la diferencia. Los que me conocen saben que soy un papá apasionado pero he aprendido a dejar de gritar instrucciones desde a banca porque, ” Papá, no ayuda “.

Oh, si tu ves que su hijo siempre te está mirando cuando hace algo mal en el campo, es probable que piense que eso te disgusta. En el próximo juego siéntate en un lugar diferente. Nuestros hijos quieren complacernos tanto y eso los afecta, más cuando saben que nuestro orgullo está de por medio.

Saca la presión de ellos y que sean atletas que amen el juego.

Es una lección difícil, y una que perforará nuestros corazones. Deje que nuestros hijos digan – “Papá, fuiste de gran ayuda”.

  1. Dugout- banca o cueva

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