Si lo ves desde afuera, tal vez a unos 5 kilometros en el cielo, educar a un niño es lo más sencillo del mundo. No sólo debes llevar a tu hijo a tiempo, asegurarte de que coma bien y duerma lo suficiente y ademas ser el o la animadora número uno. Aceptémoslo, la crianza de un atleta es todo menos sencillo.

Los deportes son sumamente emocionales y para todo atleta el primer punto de apoyo son los padres.

Estoy seguro de que no existe (y si sí, alguien se haría millonario) un manual de cómo ser un buen padre para un atleta. En esta ocasión hablaremos sobre lo que debemos hacer después de un juego.

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¿Por qué este tema? Porque las palabras pueden ser muy poderosas. Ya sea que se utilicen para animar o para empoderar. Y es por este mismo “poder” que debemos tener cuidado de lo que decimos. Recuerda que la comunicación es lo que das a entender. Puede que tengas un mensaje bien intencionado pero si no lo haces con el lenguaje correcta, el receptor puede tomarlo de la forma incorrecta.

Aquí algunos consejos que, en mi opinión son saludables y te pueden ayudar con el trato parental posterior a un juego o competencia.

Tómense el para digerir el juego.

Es bueno tomarse un tiempo para analizar las cosas. Ya sean los padres o los jugadores, en las cosas buenas o en las cosas malas. Cuando salimos de una competencia debemos analizar nuestras emociones y nuestra forma de actuar. En ocasiones los padres pueden emocionarse más que los hijos en un juego. Así que tomarse unos minutos para respirar hará maravillas para la relación que tienes con tu hijo.

Cuida tu lenguaje corporal.

En ocasiones, lo que dices es simplemente la mitad (o menos) del mensaje que quieres transmitir. Prestale atención a tu lenguaje corporal. Seguro puedes visualizar la imagen en la cuál el padre se muestra molesto y enfadado aunque diga que todo está bien. En este caso el atleta se sentirá regañado o que hizo algo mal. Sin importar que se le diga lo contrario.

Recuerda que los juegos son un momento para disfrutar. Un error lo comete cualquiera. Debes medir tu temperamento mientras observar a tu hijo practicar el deporte que le gusta.

Al cuida esta parte mejorarás esa confianza que tienes entre tu y tus hijos.

Señala lo positivo.

En mi experiencia como Coach, muchos niños esperan con entusiasmo un reconocimiento por su forma de jugar. La opinión que sus padres tengan de ellos es muy importante. Quiere que su papá o mamá se sienta orgullos@. Desafortunadamente esto no siempre ocurre.

Sin importar el resultado del juego hazle ver a tu hijo las cosas buenas que hace. Esto aumentará su autoestima y lo ayudarás como no tienes una idea. Será el primer paso para que no le tema al fracaso.

Separa tus metas de las de tu hijo.

Puede ser que esto sea algo complicado. Los atletas que tienen una motivación intrínseca y se sienten apoyados, usualmente descubren y recorren el camino que ellos mismos establecen. Antes de poder separar tus objetivos de los de tu hijo, pregúntale que quiere para él o ella.

Si aún lo desconoce, ayudale a determinar el “por qué” hace las cosas. Esto influirá positivamente de una forma que no te imaginas a su carrera atlética.

Cuándo la emoción te gané recuerda lo que es importante para tu hijo. Eso ayudará a enfocar toda esa energía en algo positivo.

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